sábado, 25 de febrero de 2017

La mascarada de Navalacruz

Se pueden ver interesantes imágenes AQUI
Helechos, hojas de roble, musgo, agallones, pieles de animales, tela basta, cornamentas, ramas de piorno, barro… la tierra germinal y mantenedora como tal y la lucha por la vida que se levanta de ella, también la muerte, han vuelto a convertirse en Navalacruz, recuperando la tradición inveterada de los harramachos que se había perdido en las últimas décadas, en las mimbres para revivir unas mascaradas de Carnaval singulares que son, además de un canto estético auténtico y de alguna manera estremecedor, una lección de antropología llena de simbolismo que viaja al lejano pasado para recordar unos tiempos en los que el hombre vivía en constante comunión con la naturaleza, con la cual debía luchar, o buscar alianzas, para que la vida continuase.

Porque el carnaval de esta pequeña localidad situada entre las sierras de la Paramera y Gredos, que jugando con las palabras ha sido rebautizado como Carnavalacruz, no es una invitación a que cada cual se disfrace de lo que más le inspire jugando a mutar la personalidad o la persona por un rato, que es lo habitual por doquier; no, en Navalacruz más que disfraces hay vestidos, más que ocultaciones o divertidas imposturas hay representaciones, y cada uno de sus muchos participantes es una parte que encaja en un todo coherente que se vivió durante muchos años el sábado anterior a la Cuaresma como una liturgia unánime e identitaria, sin apenas contaminaciones que la desvirtuaran, una escenificación llena de arcanos y con constantes referencias a ritos paganos que vuelve a ser realidad.

Hacía varios años que, de la mano de la Asociación Cultural Cantobolero, se había planteado la idea de evitar que esa enorme riqueza etnográfica, desgastada primero por la censura en los años franquistas y luego por la despoblación y la creciente uniformidad cultural, se perdiese inevitablemente, porque es una parte importante de la identidad de este municipio, seguramente la que mejor supo conservar su raíz como pueblo ganadero descendiente directo o indirecto del mundo celta. Pero ha sido este año cuando, gracias en parte a la iniciativa y a la implicación de Senén Fernández, la idea se ha convertido en realidad, levantando sobre las calles y el campo de Navalacruz una escenografía impresionante y cautivadora que va mucho más allá del mero espectáculo visual, ya que el conjunto parece ser una atávica escenificación de la lucha entre el bien y el mal que sólo los más viejos del lugar recordaban.

Y ha sido precisamente acudiendo a la memoria de esos mayores, explica Senén Fernández, como ha sido posible que los harramachos y demás personajes que durante siglos protagonizaron esa representación popular plural, con varios paralelismos en otros pueblos de la zona y también de otras provincias del norte de España –en Navalacruz con una mayor variedad de personajes y de ritos–, volviesen a cobrar vida.

Con la base de los «vagos recuerdos de los carnavales de mi pueblo que conocí siendo niño, con los quintos por la calle, unos muñecos que llevaban de aspecto grotesco y a la vez gracioso, de la comilona y de unos personajes con la cara tapada que se metían en sacos rellenos de heno y a los que llamaban harramachos», Senén enriqueció su memoria con los testimonios que compartían con él «mis paisanos más veteranos». Toda esa información, explica, le hacía pensar en una especie de gran obra teatral que tenía «como actores a todos los vecinos, con los quintos como protagonistas y como escenario las calles del pueblo y un pedregoso paisaje granítico de sugerentes formas como fondo».

La trama de esa ‘obra’, llena de metáforas inveteradas de hondo significado en las que destacan la protección del ganado y de los niños y la llamada a la fertilidad, repartía su interés entre rituales como «el de los tres corrales que conformaban con sus varas unos personajes llamados ‘carátulas’, espacios acotados para encerrar a modo de protección a los niños, que con sus caras tiznadas iban tocando unos cencerros que parece  que eran una especie de amuleto para defenderse del mal». 

Personajes destacados en esa escenografía de resonancias celtas eran la ‘vaquilla’, un joven al que se pintaban tres cruces negras –una en la frente y otra en cada mejilla– que llevaba atada a la cintura una cornamenta y que se dedicaba a perseguir a todo el mundo y a levantar las faldas de las mujeres, encarnación del mal que iba acompañado por un vaquero que portaba un morral con chorizo, pan y vino para premiar a los niños que más fuerte tocaran los cencerros. La ‘vaquilla’ era conducida desde el campo hasta el pueblo con engaños, engatusada por el volar de faldas y la comida, y finalmente moría en la plaza precisamente a manos de una mujer, simbolizando seguramente el triunfo de lo bueno sobre lo malo, de la vida sobre la destrucción y la muerte.

También en la plaza eran quemados, literalmente, los dos peleles, uno representando a un hombre y otro a una mujer, que habían llevado los carátulas durante todo el recorrido, acudiendo con ese símbolo a la purificación del fuego que es tan común en la mayoría de las culturas.

Especial relevancia tenían los quintos del año, grandes protagonistas de la fiesta, uno de los cuales, el más alto, era elegido ese día como alcalde, y ayudado por el alguacil dirigía todo el ritual de la ‘vaca’. Al volver desde el campo hasta el pueblo había que salvar un río, que todo el pueblo superaba cruzando el centenario puente de piedra a excepción del joven alcalde, que debía demostrar su fortaleza –el salto a la madurez– saltando el cauce ayudado por una larga vara que debía clavar en mitad del arroyo.

Las personas que acompañaban a los quintos eran partícipes muy activos de la fiesta, ocasión para la cual cambiaban su rutina diaria «poniéndose la ropa del revés, lo de delante atrás y lo de dentro para afuera, confeccionando gafas con agallas de roble y vistiéndose los hombres de mujer y viceversa en un curioso juego de cambio de identidades; muchas mujeres se ataviaban con el antiguo manteo de ruana de rayas grisáceas,  de borde inferior rojo, que se echaban a los hombros y a la cabeza dejando al descubierto sus pololos y sus capas de enaguas».

Pero los personajes más curiosos, temerosos y fascinantes, cada uno de ellos convertido en una suma de símbolos de raíz ancestral, eran los harramachos, especie de monstruos creados para dar miedo que eran interpretados por un puñado de vecinos utilizando para esa transformación los materiales que les ofrecía la naturaleza y la fuerza de su imaginación. Todos ellos iban con la cara cubierta, ocultando su identidad para que el terror que pudiese causar su horrenda visión fuese aún mayor. Esencialmente, explica Senén Fernández, había tres tipos de harramachos: «unos se adornaban con tiras de agallones de roble, otros se cubrían con pieles de animales y otros se introducían en sacos rellenos de heno. A estos últimos la ‘vaca’ solía embestirlos hasta que les reventaba las barrigas y salían ‘las tripas’ de hierba seca del relleno».

Sobre esa rica base se trabajó para que los carnavales de 2016, poniendo el broche definitivo a un proceso de recuperación que ha llevaba varios años en marcha, fuesen un viaje en el tiempo lo más fiel posible a su esencia, en filosofía y en estética; una iniciativa que se consiguió que «fuese todo un éxito», ya que fueron más de treinta las personas que se vistieron de harramachos, demostrando mucha imaginación, y el resto del pueblo también se implicó plenamente en la cita para poner en escena una representación impresionante y llena de emoción que recuperaba ese pasado que hubiese sido imperdonable condenar al olvido.

Recuerda Senén que  «ese sábado se creó una atmósfera en la calle que era mágica y atemporal, que yo nunca había vivido pero que no me resultaba ajena ni extraña porque encajaba con las descripciones que me habían dado los más viejos... los más mayores podían dormir tranquilos porque el testigo había sido entregado.  El Carnaval de Navalacruz había vuelto a la vida».

Esa riqueza redescubierta y recreada, que el pueblo de Navalacruz quiere que vuelva a escenificarse todos los carnavales para presumir de un pasado singular riquísimo y disfrutar de él , se sumará este año al proyecto Mascaravila, esa iniciativa en la que ocho municipios de Ávila celebran conjuntamente sus hermosas mascaradas de invierno.

Relación de personajes:

El Alcalde: es el quinto más alto, viste pantalón, chaleco, capa y sombrero con escarapela negros además de una vara larga que usa para cruzar le una orilla a otra del río Chico. Tras pedir permiso al alcalde real del pueblo, en el balcón del Ayuntamiento, será el que mande en el Carnaval.

El Alguacil: está a las órdenes del Alcalde, viste como él, pero sin capa, ni vara y lleva una turuta que hace sonar cuando le ordenan.

La Vaquilla: viste pantalón negro, camisola blanca larga, cuernos de vaca, en la cintura con cencerra atrás y tres cruces negras en la cara, tras ser ‘toreada’ muere en la plaza con un tiro al aire. Embiste sobre todo a mujeres a las que levanta las faldas con los cuernos.

El Vaquero: lleva traje de pana, sombreo con escarapela y morral con chorizo, vino y pan que reparte entre los niños.

Las Carátulas: llevan trajes con tiras de colores, sobrero con escarapelas y cestas de mimbre en las que van echando huevos, pasean por las calles dos peleles que luego quemarán en la plaza.

Las Quintas: acompañan a los quintos a pedir huevos y luego ellas y otros invitados participarán en la comilona de los quintos. Visten con traje festivo de serrana, a diferencia del resto de mujeres que llevan el traje de manteo ruano de rayas grises y borde inferior rojo.

Los Niños: se visten con sacos, llevan la cara pintada de negro y un cinturón con cencerros atrás que hacen sonar para ahuyentar a los harramachos:

Los Harramachos: Todos los Harramachos llevan la cara cubierta con pieles, máscaras de tela o saco, Su intención es asustar y que nadie los conozca. Aparte del acto del paso del río, se realizan otros como levantar las faldas a las mujeres, derramamiento de agua con cal en la plaza o la propia comilona que viene a representar la gula y el exceso previos a la cuaresma.

Aunque todos se conocen como harramachos y su manera de vestirse está a veces un poco mezclada, se puede establecer tres tipos:

  • El que va cubierto de agallones de roble.
  • El que se mete en sacos rellenos de heno que tienen una gran similitud con un personaje del carnaval navarro llamado Ziripot y es el de aspecto más cómico y grotesco.
  • El que va cubierto con pieles de animales que es el que tiene un aspecto más terrorífico.
Tema proporcionado por Tressa Guix

Fuentes: Diariodeávila.es
                  Tiétar te ve

viernes, 24 de febrero de 2017

Filtros y elixires afrodisíacos

La tradición creo sus afrodisiacos
Las gentes, desde antiguo, trataron de valerse de ciertas sustancias, alimentos o recetas mágicas para poder potenciar la estimulación sexual: son los afrodisíacos o filtros amorosos. La mentalidad popular nos ofrece un amplio testimonio de estos productos y pócimas raras que, en la mayoría de los casos, no ofrecen los efectos deseados. Además existen ciertos elixires preparados en los monasterios bercianos por maestros licoreros a los que el vulgo atribuye los aludidos efectos afrodisíacos. Finalmente encontraremos en los viejos formularios de botica o en los tratados medievales aprisionados por el polvo de los siglos antiguas recetas de presuntos efectos afrodisíacos, que veremos más adelante.

Podemos distinguir, pues, tres grandes tipos de estimulantes del apetito sexual: los llamados “alimenticios”, los “medicamentosos” y los “supersticiosos”.

AFRODISÍACO DE TIPO “ALIMENTICIO

Para conseguir los efectos estimulantes deseados, se trata de la ingesta de ciertos alimentos que se dice poseen estas propiedades, bien directamente o en infusión: vainilla, musgo, ámbar, pimienta, canela, jengibre, chocolate, opio, almizcle, catecú, ajo, cantáridas, rábano, apio, etc. Algunos de estos se adquirirían en los mercados o directamente de la huerta. Otros, en el peor de los casos, se vendían en las boticas o, simplemente, eran prescritos por los médicos.

Un papel importante en este apartado lo juegan ciertos licores que, como dijimos, se elaboraban con recetas seculares en los monasterios, guardadas celosamente entre sus gruesos muros. He aquí algunas de aquellas recetas:

Licor de las doncellas

  • Alcohol de 34°: 10 cuartillos.
  • Agua natural: 4 cuartillos.
  • Bayas de enebro: 1 onza.
  • Simiente de hinojo: 1/2 onza.
  • Simiente de angélica: 4 granos.
  • Canela: 8 granos.
  • Clavo fino: 2 granos.
  • Azúcar blanco: 3 libras.

Se dejara todo en infusión durante un día entero con su noche. Habrá de filtrarse varias veces hasta que quede bien clarificado. Luego se le da el color amarillo con azúcar tostado.

Amor sin fin

  • Alcohol de 34°:10 cuartillos.
  • Corteza de limón: 2 onzas.
  • Bergamota: l onza.
  • Agua natural: 3 cuartillos.
  • Azúcar terciana: 3 libras.
  • Agua de rosas: 6 onzas.

Se habrá de dejar que se infunda la mezcla par espacio de un día y una noche. Se le habrá de colorear de amarillo con azafrán. Finamente se pasará por manga varias veces hasta su total clarificación, debiendo quedar de buen color.

No obstante, y a fin de que estos elixires surtiesen los efectos deseados, no debía pasarse uno en las dosis recomendadas que se limitarán a beber un cuartillo de licor poco antes del acto. Además de las propiedades afrodisíacas atribuidas a los ingredientes descritos, el alcohol, de por sí, en pequeñas dosis, favorecería el efecto vaso-dilatador, con mayor flujo sanguíneo, lo que propiciaría unas condiciones optimas para la consumación del acto.

AFRODISÍACOS DE TIPO "MEDICAMENTOSO"

Las viejas boticas bercianas saben bien de este tipo de preparados magistrales con sustancias, casi en su totalidad activas en la incitación genésica. Generalmente las adjudicarían los parroquianos casi en secreto, mas que nada por la picaresca que suscitaba y el discreto boticario los vendía coma píldoras o confecciones galantes, a fin de disimular su contenido.

Este tipo de preparados podían ser de dos tipos: bien para ser ingeridos, o bien para use tópico sobre las partes genitales.

Muchas veces se camuflaba su efecto real atribuyéndoseles a estos preparados otras propiedades medicamentosas mas “ortodoxas”". He aquí algunas de esas formulas, con su denominación, ingredientes, medidas y virtudes:

Bálsamo apopléctico

  • Estoraque calamita: 2 dracmas.
  • Aceite espeso de nuez moscada: 1 onza.
  • Goma de Tacamaca: l dracma.
  • Bálsamo liquido de Perú: 1 dracma.
  • Benjuí: l dracma.
  • Ámbar: 6 granos.
  • Almizcle: 12 granos.
  • Aceite especial de canela, de espliego, de mejorana, de tomillo y de clavo: 15 gotas.
  • Aceite especial de limón, de naranja y de palo de rosa: 12 gotas.

Se calienta ligeramente un almirez de hierro: se machaca en él el estoraque calamita con un poco de aceite de nuez moscada para disolverlo. Después se agrega el resto de aceite y se incorporan, poco a poco, con goma de Tacamaca, el benjuí, ámbar y almizcle, reduciendo todo a polvo fino. Entonces se mezclan los aceite esenciales, se agita la mezcla hasta que sea compacta y se guarda en un bote de estaño para el uso.

Preparado este bálsamo se lleva consigo en una cajita de marfil o madera de boj para inspirar su aroma, con el cual se alivian muchas enfermedades del cerebro. Resiste al mal aire y tornado interiormente excita el semen. La dosis es desde 6 granos hasta un escrúpulo.

Bálsamo de pareira brava

  • Aceite de alacranes: 1/2 libra.
  • Vino de España: l libra.

Se ponen estos dos líquidos en un perol de plata se hace evaporar el vino hasta que no quede mas que su extracto: entonces se pone esta mezcla en una vasija de tierra bien cocida sin vidriar o en una vasija de vidrio con los siguientes elementos:

  • Bálsamo de Copaiba: 2 onzas y 1/2.
  • Bálsamo de azufre trementinado: 2 onzas.
  • Estoraque líquido purificado: 1 onza.
  • Bálsamo negro de Perú: 1/2 onza.
  • Sal amoniaco purificada y pulverizada: l onza.
  • Raíz de Pareira brava pulverizada: 6 onzas.

Se mezclan todas estas sustancias con una mano de madera y se agita la mezcla hasta que sea compacta y se guarda en un bote para el uso.

Este bálsamo es diurético. Conviene en el mal de piedra y arenas, cólico nefrítico y fortifica las partes genitales. La dosis media es de media dracma hasta dos dracmas".

Conviene comentar que el aceite de alacranes es un preparado de botica muy usado en León desde hace varios siglos: Ya la obra La Pícara Justina, atribuida a López de Úbeda y escrita en el siglo XVI, menciona este elemento curativo en el momento de la obra en que Justina se ha decidido a ser una “Dama” en vez de mesonera y reniega de la vida pueblerina de Mansilla: “Ya las cosas de montaña y de Mansilla, que todo es uno, me olía a aceite de alacranes”.

FILTROS AFRODISÍACOS DE LA SUPERSTICIÓN POPULAR

La mentalidad supersticiosa galaico-leonesa nos ofrece una variada muestra de filtros afrodisíacos que aparecen recogidos en los viejos tratados medievales y que fueron transcritos por autores más modernos y de los que los curanderos hicieron acopio para prescribírselos a sus pacientes:

Hechizo para unir amores

“Toda mujer que tenga deseo de que un hombre la ame mucho, cómprese un pez al que se da el nombre de “raya”, cuando ella estuviese de regla, porque es el único pez que sufre esta incomodidad. Este pez, pues, cocinado en caldereta con bastante pimiento, azafrán y una gota de baya de sauce con zumo de mandarina, dado de comer a un hombre, hace que este nunca, se aparte de la mujer”.

Receta para calentar a las mujeres frías

Cuando el hombre siente una pasión desmesurada por una mujer que no le corresponda, habrá de hacer lo siguiente:

Tomara las cantidades que se indican de los ingredientes:

  • De alcornoque: 20 granos.
  • De simiente de sagaña brava: 1 puñado.
  • De cabellos de pelo con raíz: 24.
  • De harina de cacahuete: 30 granos.
  • De avellanas: 4 unidades.
  • De cantáridas: 1.

Todo ello se muele y mezcla en una bola. Se deja a la intemperie durante tres noches, evitando que se humedezca. Al final se abrirá un agujero en el jergón de la cama diciendo:

“Por las llagas de Cristo y por el amor que tengo a (quien sea)
te escondo alcornoque, ligado a segaña, hilos de pecho, cacahuete,
cantárida y fruto de avellano.
Quiero, por la virtud de Cipriano (Santo)
que esta mujer se una a mí, por el amor y por la carne”.

Filtro del lagarto vivo y seco al horno

Se toma un lagarto vivo de los que tienen el lomo azul. Se mete en una cacerola bien tapada y se pone al horno hasta que esté bien seco y se le reduce a polvo fino. Quien quiera seducir a otro pondrá una pizca de ese polvo en vino o café. Desde ese momento manejará a su antojo la voluntad de aquél.

Para concluir deseamos recomendar a nuestros lectores que se abstengan de elaborar cada uno de los preparados que hemos incluido en este capitulo, pues tal vez resulten perjudiciales para la salud o, en el mejor de los casos, no consigan los efectos, deseados. Deberán ser tornados, pues, como meros ejemplos de un pasado mágico y supersticioso en que nuestros antepasados creyeron fielmente y que en la actualidad han sido relegados a un mero recuerdo.


Texto de: Manuel E. Rubio Gago y Francisco J. Rúa Aller
Fuente:  Bierzo Mágico

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Genero el rinoceronte siberiano el mito del unicornio?

¿Fue este animal quien dio origen al mito del unicornio?
Con vosotros, el Elasmotherium sibiricum, más conocido como rinoceronte siberiano. Un nuevo estudio de datación acaba de poner a este antepasado del rinoceronte moderno en el primer puesto de la lista de culpables de haber creado el mito del unicornio.

Las leyendas en torno al fabuloso animal parecido a un caballo pero con un único cuerno en la frente se remontan a la antigua Grecia, pero fueron especialmente populares durante la edad media.

Entre los sospechosos de haber dado pie a esas leyendas está el rinocerinte indio, y el tráfico de cuernos de animales como el narval, o el Oryx. Hasta Marco Polo se refirió al mítico unicornio cuando vio por primera vez lo que con toda probabilidad era un rinoceronte de Java.

El rinoceronte siberiano siempre se había mantenido al margen de esta peculiar lista de potenciales unicornios porque se creía que se había extinguido hace unos 350.000 años. Eso es mucho antes de la aparición de los seres humanos modernos, y por tanto demasiado pronto como para que diera pie a ninguna tradición oral sobre bestias legendarias.

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en American Journal of Applied Sciences acaba de corregir esa fecha. Restos fósiles hallados en Siberia prueban que el Elasmotherium sibiricum vivió hasta hace alrededor de 29.000 años. La corrección es importante porque en esa época ya había seres humanos modernos que pudieran encontrarse con esta criatura y narrar la popular leyenda del caballo de un solo cuerno.

Eso sí, el aspecto de este enorme mamífero era más parecido a un rinoceronte peludo que a un caballo. Podía medir hasta dos metros de altura en el lomo y pesaba entre 4 y 5 toneladas.

Fuente:  Gizmodo