martes, 24 de octubre de 2017

Arreo de boda vasco

Carro de boda y comitiva nupcial. Bidegoian (Gipuzkoa), 1957. Foto Martín (Tolosa). Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa.
Hoy día el régimen de bienes establecido en el matrimonio, en los casos en que se celebra, adopta distintas modalidades: régimen de gananciales, separaciones de bienes, etc. En otro tiempo un asunto relevante fue la constitución de la dote, generalmente por parte de la novia.

La dote son los bienes y/o el dinero que aporta la mujer al matrimonio, si bien en nuestra tierra el vocablo más utilizado ha sido el de arreo. Algunos reservan esta última voz para designar generalmente la ropa que lleva la novia al matrimonio, que había sido confeccionada por ella o sus familiares y amigas, y lo diferencian de la dote que es el conjunto de dinero y bienes aportados por la novia o su familia. Antiguamente las muchachas comenzaban de muy jóvenes a preparar su arreo.

El traslado del arreo (ropa más utensilios) era un acto ritualizado ya que significaba la entrada del nuevo cónyuge en la casa, que en euskera se conoce como etxe-sartzea. A tal fin se recurría al carro de bueyes, engalanado para la ocasión. Entre los objetos transportados no faltaba la cama y el mobiliario complementario, la rueca de hilar y el espejo. Para hacerse notar, se procuraba que el eje del carro chirriase. Detrás del carro iba una comitiva portando sus regalos. Si la familia era pudiente podían desfilar dos y hasta tres carros uno detrás de otro.

Aunque el traslado del arreo podía ser tanto de la casa del novio a la de la novia como a la inversa, según quién fuera el heredero, era más solemne cuando el acarreo era de la mujer.

En algunas localidades había costumbre de que la vieja señora de la casa entregara a la nueva algún objeto en señal de que esta se hacía cargo de la casa y había particular empeño en comunicar a las abejas que en adelante debían respetar a la nueva ama.

En tiempos pasados estuvo también ritualizada la exposición del arreo. Una persona, generalmente una mujer, realizaba el recuento e inventario de los bienes aportados por el cónyuge advenedizo. Esta costumbre con los años fue desvaneciéndose y se limitó a enseñar el ajuar y la habitación del nuevo matrimonio sin ningún tipo de formalidad. Las personas encargadas solían ser la novia, su madre y alguna vecina y las interesadas en verlo las amigas de la novia o las invitadas. Se les mostraba con anterioridad a la boda o el mismo día de la ceremonia.

Actualmente se hacen representaciones populares de bodas tradicionales con traslado del arreo a la antigua usanza.

Fuente: Apuntes de etnografía

lunes, 23 de octubre de 2017

El curioso origen de la expresión ‘Ir cagando leches’

Lechero repartiendo leche
Es de uso común la expresión ‘Ir cagando leches’ para referirse a aquella persona que va deprisa y con mucha prisa a un lugar.

El origen de esta locución la encontramos en los tiempos en los que era costumbre la venta y reparto de leche a domicilio. Esta se hacía colocando en un animal de carga (normalmente algún equino como un caballo, asno o burro) unas tinajas en las que iba el líquido. Una vez frente al domicilio se llenaba un recipiente con la cantidad acordada.

El reparto de leche se hacía a primerísima hora de la mañana y a toda prisa con tal de que todos aquellos hogares que lo precisasen la tuvieran para la hora del desayuno.

Con los años ese reparto pasó también a hacerse en carro, bicicleta o cualquier tipo de vehículo donde transportar los recipientes (que pasaron de ser de barro a metal).

Esa rapidez a la hora de hacer el reparto ocasionaba que muchas fueran las ocasiones en las que parte de la leche contenida en las tinajas se derramara en el suelo mediante el rápido traqueteo del vehículo o el animal

Es precisamente por ese reguero o rastro de leche que iba quedando, al hacer el reparto velozmente, lo que originó que se dijera que, el animal, iba cagando leches, además de que una vez estropeada esa leche atraía moscas e insectos, al igual que los excrementos

Fuente: Ya está el listo que todo lo sabe

domingo, 22 de octubre de 2017

Las Encantadas Hilanderas de Extremadura

A las hilanderas suele atribuirsele la construción de dólmenes
Las hadas extremeñas, aunque parezcan escasas, forman una gran familia compuesta por Moracantanas, Damas Blancas, Encantadas, Reinas Moras e Hilanderas, entre otras. De las primeras ya hemos escrito en alguna ocasión, y de las últimas me dispongo a dar unas ligeras puntadas.

Afirma Jesus Callejo que  Las Hilanderas son en todo iguales a las mujeres humanas, pero mucho más hermosas, y andan solo por la noche y van vestidas de blanco con escarpines blancos de lana.

Y en cuanto uno se pone a investigar, descubre que las hilanderas extremeñas le recuerdan a alguien, y acuden a la mente algunas imágenes clásicas…concretamente las Parcas romanas y las Moiras griegas, convertidas en hadas hilanderas y el hilo como vida y como muerte, el continuo tránsito sin comienzo ni fin.

Las tres Parcas regulaban la duración de la vida de los humanos desde el nacimiento hasta la muerte con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba y la tercera cortaba cuando la existencia de cada persona llegaba a su término.

En el Foro romano, las Parcas estaban representadas por tres estatuas, llamadas las Tres Hadas (Tria Fata, los tres Destinos), y sus nombres eran Nona, Décima y Morta. Y de los tres tipos de hadas tenemos ejemplos en Extremadura.

Nona lleva un ovillo de lana (como los escarpines de las hadas hilanderas, ¿recuerdan?) en una rueca e hila el destino de los hombres. Es la “hilandera” por antonomasia. Y para no dar puntada sin hilo, es hija de la noche y se la representa vestida de blanco, al igual que nuestras hadas hilanderas.

Las hilanderas no dejan de mover su rueca jamás, ni siquiera para erigir megalitos y dólmenes, cuya construcción se les atribuye en muchos lugares.

En Extremadura tenemos al menos “constancia” de que levantaron el grandioso pero semidestruido dolmen del paraje hurdano  de “El Cravilejo”. Recoge el investigador Félix Barroso el relato de un vecino en el que se afirma que el dolmen lo trajo una mora en la cabeza porque como venía hilando con el huso y la rueca no podía traer las piedras en las manos. Afirman los lugareños que las moras vivían antes por estos terrenos, y que todavía hay algunas que salen la mañana de San Juan.

Y tirando del hilo, más que curioso (yo diría que maravilloso) es el dato que aporta el mismo Barroso acerca de los antiguos carnavales de Santibáñez el Bajo, en los que aparecía la figura de “La Encantaora”. Este personaje lo representaba una mujer que iba totalmente vestida de blanco, de los pies a la cabeza. Se hacía acompañar de dos mozuelillas, también ataviadas de blanco. La “Encantaora” iba hilando con huso y rueca. Se paraba en las plazuelas y en las encrucijadas y clamaba a grandes voces:
“A las buenas mozas,
hijas de malos padres,
pero guapas como dos soles.
¿Quién me da por ellas
los tres mil reales?
¿Quién echa mano a la bolsa,
que es mucho lo que ellas valen?
¿Quién las quita el cautiverio?
¿Quién me las saca de males?”.

Después, y mientras hilaba cada vez mas rápido y las dos jóvenes danzaban a su lado, recitaba una copla que hablaba de mozas que se acercan a ciertas fuentes en las mañanas de San Juan…

Y es que Las Hilanderas, como todos los seres mágicos, están vinculadas a un elemento propio del terreno, ya sea una fuente, un arroyo, una peña o un bosque, y los pozos o fuentes son los preferidos por las “encantadas” que se relacionan con Décima, la segunda parca, que devana el hilo y dirige el curso de la vida.

Y devanando hilos, a veces negros, a veces dorados, tenemos numerosas mozas en nuestras tierras, como La encantada de Valle de la Serena o el Encanto del pozo de Cinojal de Ahigal, el de Cabrero, El Encanto Mancebo  de la Fuente de la Bellota de Santibáñez el Bajo, o el de La Fuente Labrá de Guijo de Granadilla.

La última Parca, llamada Morta, corta el hilo de la vida con sus tijeras y eligiendo la forma de la muerte. Y de estas tenemos en Extremadura para dar y tomar. Sobre todo en Las Hurdes. Son las moras-tenderas y las Jáncanas que ofrecen para elegir baratijas y joyeríos varios, y que acaban esgrimiendo (y a veces utilizando) tijeras de oro contra aquel que se acerca y no logra desencantarlas.

Y hasta aquí las agujas encontradas en los pajares de la leyenda. Otro día hilaremos más fino, pero hasta entonces disfruten de nuestros mitos sin pincharse, y a poder ser, sin dormirse. Al menos para siempre.

Fuente: Extremadura secreta