martes, 24 de enero de 2017

Torres humanas ibericas

Torre de Polanco, Dibujo de A. Beivide
Todos conocemos las impresionantes torres humanas que se realizan en Cataluña que se conocen como “castellers”, sin embargo he encontrado también esta curiosa tradición fuera de tierras catalanas aunque se trate de torres más modestas.

El primer caso lo encontré en el libro “Las cosas del Candelario”. En su volumen tercero me encontré con “La torre de Polanco” una torre humana donde en medio de una danza de arcos, varios mozos forman una torre humana para mostrar su habilidad y fuerza.

Otro caso lo tenemos en la madrileña comarca del Alberche donde se hace también este tipo de torres humanas en honor a su virgen de la Poveda. Esta torre humana se desplaza dentro de la iglesia y tiene la particularidad de que lejos de ser estática se mueve haciéndola pasar por la puerta de la iglesia como se puede ver en el video que adjunto.

También he encontrado una foto de Las Hurdes en Extremadura con una torre.

Si alguien tiene información adicional o sabe más lugares fuera de Cataluña o que se celebren o dentro de Cataluña con alguna condición especial, agradezco cualquier información.

Torre humana de Las Hurdes en 1933


Fuentes: Youtube
                Libro “Las cosas del Candelario” tomo 3 de Alberto Beivide y Laslo Kardos
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lunes, 23 de enero de 2017

Las fobias meteorológicas

  • Miedo a las auroras boreales, al sol, a las nubes, a la luna llena... son las llamadas fobias meteorológicas, miedos muy extraños y que padecen algunas personas.

  • Los expertos aseguran que pueden ser hereditarios y la mayoría suelen adquirirse en la niñez. En la mayoría de las ocasiones puede solucionarse con tratamiento.

El miedo a las tormentas es muy habitual
El cambio de estación, las horas de luz o la ausencia del sol son los responsables del llamado trastorno afectivo estacional, que afecta al 15 por ciento de la población, pero también hay individuos que manifiestan pánico o terror hacia ciertos fenómenos atmosféricos.

Son las conocidas como fobias meteorológicas, algunas relacionadas con acontecimientos admirados por su belleza por la mayoría de las personas, como la luna llena (selenofobia), el amanecer (eosofobia) o las auroras boreales (aurorafobia).

A menudo hablamos de la belleza del rayo, de lo imponente y relajante que puede ser una puesta de Sol o del maravilloso espectáculo de una aurora boreal. Pero no todos reaccionamos igual ante tales fenómenos naturales. De hecho, hay mucha gente que se obsesiona con el pronóstico meteorológico porque le aterra la posibilidad de poderse encontrar con una tormenta y elige permanecer cerrada en su casa cuando empiezan a amontonarse las nubes porque le da pavor poderse encontrar con ellas. Si usted es de estas personas, sufre de ceraunofobia, es decir, miedo anormal a los rayos y truenos. Seguramente también sudará, respirará con dificultad e incluso el corazón se le acelerará. Los niños son los que más sufren esta patología.

Estas fobias pueden ser hereditarias o estar causadas por una experiencia traumática ocurrida en la niñez, a los cinco años aproximadamente. Eso ocurre por ejemplo con el miedo a las tormentas, rayos o truenos. Incluso también con el miedo a la nieve o los tornados. Pero existen otros miedos mucho más irracionales.

Astrafobia

Miedo a los truenos, relámpagos, rayos, y tormentas en general. A este miedo a todo lo que tiene que ver con las tormentas también se les puede dar otros nombres igual de extraños y con los mismos efectos. Estos nombres son astrapofobia, brontofobia, ceraunofobia o tonitrofobia. Es el más común de todos los miedos meteorológicos. Sin embargo, casi siempre todo tiene su contrario y aunque parezca increíble a algunos les relaja escuchar los truenos y mejor aún si pueden hacerlo desde la cama para echar una cabezadita.

Pluviofobia u ombrofobia

Miedo a la lluvia. Parece increíble pero los expertos han determinado que hay personas a las que la lluvia les provoca un miedo tremendo llevándoles, incluso, a la parálisis física y mental. Suponemos que tendrán siempre un paraguas a mano.

Psicrofobia o criofobia

Bajo este nombre se denomina a las personas que tienen miedo al frío extremo. Temen las heladas, la escarcha, y, en general, las temperaturas bajas. Eso les lleva a abrigarse más de lo necesario, por eso es fácil reconocerlos. Nunca los verás en la nieve pero aún así en su atuendo no faltarán los plumas, abrigos, bufandas y guantes.

Quionofobia

Miedo a la nieve. Los quinofóbicos no soportan la idea de tocar la nieve, y en los casos más extremos no pueden no ver cómo caen los copos. Esta fobia suele estar muy relacionada con la criofobia, puesto que el frío extremo muchas veces va acompañado de nieve.

Aurorafobia

Miedo a las auroras boreales. A pesar de que es una de las imágenes más espectaculares que nos puede regalar la naturaleza, lo cierto es que hay personas que se ponen tremendamente nerviosas cuando piensan en ellas y presenciarlas pueda hacer que la ansiedad se apodera de ellos. Increíble, pero cierto.

Heliofobia

Ésta es una de las más preocupantes. Miedo al sol o a la exposición a él. Lo provoca, por lo general, la carencia de vitamina D, imprescindible para la formación de los huesos. Realmente es una de las peores fobias meteorológicas que se puede padecer.

Selenofobia

Con este nombre se conoce el trastorno relacionado con el miedo a la luna llena. Quienes lo padecen sienten una gran ansiedad y nerviosismo cuando contemplan el satélite en su máximo apogeo y peor aún si se trata de una súper luna.

Eosofobia

Con este nombre se denomina a la gente que tiene miedo al amanecer. Es una de las más extrañas e inexplicables, quizá esté relacionada con el sol o puede que lo esté con algún trauma infantil o trastorno ligado a al pereza y a la actividad, pero los expertos dicen que existe y que realmente hay gente que se pone de los nervios cuando va a amanecer.

Anemofobia

Miedo al viento o a las corrientes de aire. No aclaran con qué intensidad tiene que soplar el viento para que lo que es un miedo o temor normal a salir volando se transforme en fobia de las que paralizan y hacen que sude todo el cuerpo. Tampoco dan más datos sobre si está relacionado con el sonido que genera o con los efectos que puede provocar.

Homiclofobia

Miedo a la niebla. ¿A quien no le da miedo una carretera o camino cubierto por una espesa niebla que no deja ver más allá de tus narices? Aunque es muy probable que en el caso de las personas diagnosticadas como homiclofóbicas el miedo sea de otro tipo y tendrá otras motivaciones. Miedo a la niebla

Nefofobia

Miedo a las nubes. Es otra de esas raras fobias a las que no se encuentra mucha explicación. El diagnóstico no especifica qué tipo de nubes son las que dan más miedo. Las grandes, las bajas, las negras, las brumas... Difícil vivir con este miedo. 

Lilapsofobia

Miedo a los tornados y huracanes. Este miedo es uno de los más razonables de todos los mencionados. Los tornados y huracanes pueden provocar graves daños materiales y personales a su paso.

Fuentes: El País
                La información

domingo, 22 de enero de 2017

El Alma de Tacande, más que una leyenda

María Victoria Hernández con los documentos de esta leyenda
La misteriosa leyenda de Tacande tiene personajes reales. La investigadora María Victoria Hernández ha demostrado documentalmente que los protagonistas de los extraños sucesos que acaecieron en un caserío de El Paso (La Palma) en 1628 existieron.

Cuenta la leyenda de El alma de Tacande que lo ocurrido el 30 de enero de 1628 en una vivienda rural de El Paso es «un hecho que al orbe pasma». En esa fecha, una mujer regresó del más allá y protagonizó una serie de fenómenos extraños que se prolongaron durante 87 días. A lo largo de ese tiempo, los moradores de la casa escucharon, cuando caía la noche, una voz femenina arrullando a un niño que lloraba, dulces cantos y sonidos de castañuelas. También comprobaron cómo la cuna en la que dormía el pequeño de la vivienda se mecía sola.

Después de 87 angustiosas noches, el ente invisible habló y dijo que era Ana González, una mujer de la familia que había muerto en 1625 en el parto de su hijo Salvador, criatura que sí logró sobrevivir. Estos inexplicables acontecimientos dieron cuerpo en La Palma a la leyenda El alma de Tacande, que ahora, casi 400 años después, con los hallazgos documentales, se convierte en historia.

Investigación

María Victoria Hernández, abogada, investigadora y cronista oficial de Los Llanos de Aridane, ha logrado documentar a los personajes de una de las leyendas palmeras más famosas. La semana pasada localizó en el Archivo Lorenzo Mendoza un índice bautismal en el que estaba incluido el pequeño Salvador, hijo, según el documento, de Ana González y Juan Pérez. El niño fue bautizado el 12 de septiembre de 1625. En la iglesia de Los Remedios, Hernández encontró el asiento original del documento bautismal de Salvador y la partida de matrimonio de su madre, que se casó el 14 de septiembre de 1611 con Juan Pérez.


"Siempre he creído que algo extraño ocurrió"

El alma de Ana González, según la tradición popular, estuvo vagando por la casa de Tacande durante 87 días, hasta que por fin descargó y pidió a sus familiares que cuidaran de su hijo Salvador y que cumplieran las promesas que había dejado pendientes. Ana falleció en 1625 y su alma en pena se presentó tres años después de su muerte.

María Victoria Hernández ha descubierto que Ana, además de Salvador, tuvo otros hijos bautizados con los nombres de Juan, Luis, María y Beatriz. Y por primera vez se tiene constancia de que contrajo matrimonio. «Llegué pensar que era madre soltera, porque en la leyenda no se cita nunca al marido», señaló ayer en la presentación pública de los documentos. El suceso de Tacande trascendió las fronteras insulares. «El sobrino de Ana, Andrés, fue trasladado a Las Palmas de Gran Canaria para ser interrogado por el obispo Cámara y Murga, y en el famoso sínodo de 1629, se pidió a todos los sacerdotes de Canarias que dieran misas por el descanso del alma de Tacande», explicó. «Siempre he creído que algo extraño pasó en la casa», sostiene la investigadora palmera. Los documentos hallados, dijo, no matarán la leyenda, muy al contrario, «seguirá corriendo y más gente querrá conocerla». Ayer adelantó que sigue investigando sobre la familia de Ana González y que escribirá un libro sobre la estremecedora historia.

Escrito por:
Esther R. Medina
Fuente: Canarias 7
Para saber más: El Apurón