domingo, 14 de enero de 2018

El árbol malato

Representación del árbol malato
El árbol malato o gafo (este último nombre viene de que los enfermos de artrosis se les denominaba gafos y tienen encorvados los dedos y este árbol tenia así las ramas) se considera el segundo mas importante de Bizkaia tras el de Gernika. Este árbol ya desaparecido y en cuyo lugar se encuentra hoy en día una cruz del siglo XVIII fue el árbol que servía de frontera entre las tierras de Álava y las de Bizkaia.

Este desparecido árbol está presente en numerosas leyendas vascas pero voy a contar su historia.

El nombre del “Árbol Malato”, cuya denominación es quizá corrupción de Malastu, que según Larramendi, indica lozanía, aparece citado por vez primera en la ley quinta, titulo primero del Fuero de Vizcaya, impreso en 1575, como límite dentro del cual los vizcaínos venían obligados al cumplimiento de deberes militares sin sueldo ni haber. En la tradición vasca, el Árbol Malato crecía en los límites del país. Cuando los pueblos extraños penetraban en su suelo en son de guerra, los vascos podían utilizar sus armas para rechazar al invasor, persiguiéndole hasta el Árbol Malato; mas, al llegar a él, debían clavar las armas en su tronco, res¬petando en su propio solar al enemigo vencido. La leyenda y el arte han reproducido esta tradición.

El motivo de no traspasar este árbol, según Xabier Zumalde es la creencia que mas allá de este árbol el dios de la guerra vasco deja de proteger a los suyos.

Fuentes: Deia
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                  Gure Lurra

sábado, 13 de enero de 2018

La leyenda de la mano cortada de la Doncella de Maella

Escudo de Maella
Esta hermosa narración cuenta como el Señor habitante del Castillo mantenía a la población en un estado de continuo descontento como consecuencia de la opresión.

En este ambiente, agitado por la injusticia del poderoso terrateniente se fraguó una rebelión encabezada por un apuesto joven campesino. Esta rebelión acabó derivando en terrible lucha con resultado favorable al Señor, quién decidió condenar a nuerte en la horca al valiente joven cabecilla. La ejecución se llevaría a cabo en el “Tossal de les Forques”, lugar en el que eran ejectuados los reos condenados a muerte, de ahí su nombre, que todavía se conserva en la actualidad. La amada maellana novia del muchacho, presa del miedo por perder a su enamorado, se vió obligada a intervenir suplicando al Señor del Castillo la vida de su prometido.

El Señor , cautivado ante el valiente y decido gesto de la jover y, ante todo, por su extraordinaria belleza se vió impulsado a pedir la mano de la doncella a cambio de la vida de su La jove, habiendo reflexionado las palabras del Señor, tuvo a bien jugar con estas y voluntariamente confundir la “mano en matrimonio” con su propia mano, por lo que decidió cortar su mano y hacérsela llegar al señor dueño del Catillo, quien asombrado ante el acto de heroicidad protagonizado por la jover maellana y haciendo honor a su palabra, dió la orden de liberar al joven y amnistiar a todos los habitantes de la villa.

No es extaño que tan hermoso relato sirva de inspiración constante para artistas, así como está muy relacionado con la heráldica maellana – mano de carnación sobre un solo campo de plata y en medio de dos flores de lis.

De ser cierta esta interpretación, el nombre de la villa haría referencia a esta a esta acontecimiento: MAELLA- MA D’ELLA – MANO DE ELLA.

Las flores de lis que acompañan a la mano de mujer se incorporaron a raiz de la Guerra de Sucesión, puesto que Maella se mostró fiel partidaria del aspirante Borbón Felipe, quien habiendo llegado al trono, concedió en 1708 el ´titulo de Fidelísima junto derecho al añadir al escudo las dos flores borbónicas.prometido.

Fuente: Ayuntamiento de Maella


domingo, 7 de enero de 2018

La leyenda de la calle del Bonetillo (Madrid)

La calle donde ocurre la leyenda
La llamada calle del Bonetillo es una de esas calles del Madrid antiguo que esconden un secreto en este caso, relacionado con la iglesia y con la corona. Situada en el corazón la ciudad, entre la calle de la Escalinata y la costanilla de Santiago, su origen parece encontrarse ligado a la primera fábrica de sombreros que había en Madrid y que allí se estableció.  Pero, lo cierto es que sobre esta calle, existe una leyenda que se remonta a la época de Felipe II y que nos que nos la relata muy bien Pedro de Répide, cronista de la villa, en su libro ‘Las Calles de Madrid’.

Cuenta la leyenda que en la calle del Bonetillo vivía don Juan Henríquez sacerdote de la Iglesia de Santa Cruz, clérigo de vida “alegre” y un gran amigo del príncipe don Carlos de Austria, de quien era compañero de aventuras licenciosas y en quien influía con sus consejos en contra de la autoridad regia y paterna de Felipe II.

El Cardenal Espinosa le prohibió que visitase más al príncipe, pero el clérigo hizo caso omiso a las recomendaciones de su superior y continúo viendo al príncipe y cambiando los rezos por el juego y las tabernas.  Para darle una lección el Cardenal Espinosa decidió darle un susto haciéndole ver su propio entierro en vida.

Cuando una noche a altas y turbulentas horas el clérigo volvía a su casa, divisó por la calle de los Tintes unas antorchas, oyó unos cánticos lúgubres y distinguió un cortejo fúnebre que se dirigía hacia la Iglesia de  Santa Cruz. Preguntó a la comitiva por la identidad del fallecido y todos contestaron que era el clérigo don Juan Henríquez. Lleno de terror, se dirigió hacia su casa y se la encontró abierta, sin su criado y en uno de los aposentos cuatro blandones y una mesa con paño negro encima. Preguntó a los vecinos y todos afirmaron conocerle, pero también afirmaban haber visto cómo el entierro había salido de su casa.

Por la mañana se dirigió hacia la Iglesia de Santa Cruz para corroborar los hechos, y una vez allí, le enseñaron su partida defunción. Al verla, el clérigo organizó una bronca tan grande que tuvieron que venir los alguaciles y el clérigo golfillo acabó cuatro años en la  la cárcel de la Inquisición en Toledo. Transcurrido este periodo, regresó a la corte bien corregido, tuvo que hacer ejercicios espirituales con los jesuitas hasta que fue repuesto en su beneficio.

Un día pasó por la que era su antigua casa y la encontró cerrada, con la puerta sellada y clavado en un palo sobre el tejado su bonete, teñido de rojo. Desde entonces los vecinos comenzaron a llamar a esta calle, calle del bonetillo,nombre con la que la conocemos en la actualidad.

Fuente: Un sereno transitando la ciudad