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miércoles, 31 de agosto de 2016

El árbol del Retiro que anunció el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda

Teto escrito en dicho árbol
Los árboles del parque de El Retiro han sido testigos de la historia de Madrid desde su creación en 1630. Historias cotidianas y algunas de ellas curiosas y extraordinarias como el macabro mensaje que anunció el atentado que sufrió el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia el día de su boda, en la calle Mayor, el 31 de mayo de 1906. Entre esos ejemplares –de actualidad por las numerosas caídas de ramas– un árbol cercano al Paseo de Coches apareció grabado con el siguiente texto: «Ejecutado será Alfonso XIII el día de su enlace. Un irredento» junto a la firma «Dinamita». Todo ello dentro de una calavera con dos tibias cruzadas, rodeadas por un círculo irregular.

Apareció marcado a navaja. Concretamente en el quinto árbol de «una de las vías transversales» a dicho paseo, el conocido entonces como Lauros. Nadie se percató de él hasta después del atentado excepto un ciudadano: Vicente García Ruipérez. Gracias a las crónicas de ABC sobre el atentado de Mateo Morral, el anarquista que lo ideó y lo ejecutó, se sabe que García Ruipérez fue un ciudadano muy «observador». ABC aún conserva la imagen del árbol en su extraordinario archivo. La crónica, del 15 de junio de 1906 –la fecha en la que se hizo pública la imagen– no tiene desperdicio.

Dicho testigo manifestó que el día 20 de mayo, sobre las seis de la tarde se encontraba en El Retiro paseando con uno de sus hijos pequeños. Según contó se sentaron en un banco en una de las avenidas transversales al Paseo de Coches, la de Lauros, cerca de la Casa de Vacas. Fue entonces cuando observó que dos individuos estaban sentados en otro banco delante del árbol y se entretenían alternativamente en grabar o pintar algo en la corteza. «Ambos vestían muy decentemente, uno con gorra japonesa y el otro con sombrero flexible de los llamados Frégoli», dijo.

Morral increpó al «observador» testigo

Cuando se levantó para marcharse y trató de ver lo que habían hecho en el árbol los dos individuos ocultaron el mensaje lo que levantó sus sospechas. Mateo Morral llegó incluso a decirle: «A usted qué le importa lo que estemos haciendo?», aseguró Ruipérez a ABC. Al día siguiente, realizando su paseo acostumbrado con su hijo, volvió a pasar ante el árbol ante el que no había nadie. Y se acercó para quedar asombrado al ver lo que habían tallado en la corteza.

Al tener noticia del terrible atentado, «recordó inmediatamente el dibujo en el árbol y al ver en la prensa la fotografía de Mateo Morral, reconoció de inmediato a uno de los dibujantes del árbol, el del sombrero flexible». «Busqué otros retratos de los publicados en ABC y confirmé, sin la menor vacilación que era Morral el que en compañía de otro joven vi al pie del árbol del Retiro», dijo.

Fuente: ABC

martes, 30 de agosto de 2016

'El canibalismo medicinal' de Europa: El poder curativo de la Muerte

Grabado de una ejecución del siglo XVI

¿Fueron los europeos alguna vez caníbales? La investigación muestra que hasta el final del siglo XIII, la medicina incluido rutinariamente ingredientes que revuelven el estómago, como carne y sangre humana.

Por Philip Bethge

Según la fórmula, la carne debía ser cortada en trozos o rodajas pequeñas, salpicadas de "mirra y al menos un poco de aloe" y luego se sumergen en espíritu de vino por unos días.

Por último, debía ser colgada "en un lugar muy seco y sombrío." Al final, el aspecto de la receta, que sería "similar a la carne ahumada" y estarían sin "ningún hedor."


Johann Schröder, un farmacólogo alemán, escribió estas palabras en el siglo XVII. Sin embargo, la carne a la que se refería no fue jamón curado o lomo de res. Las instrucciones llamados específicamente para el "cadáver de un hombre de color rojizo de alrededor de 24 años de edad," que habían sido "muerto de una muerte violenta, pero no de una enfermedad" y luego distribuida "se expone a los rayos de la luna por un día y una noche "con, señaló," un cielo claro. "

En los siglos XVI y XVII en Europa, las recetas para tales remedios, que proporcionan instrucciones sobre cómo procesar los cuerpos humanos, eran casi tan comunes como el uso de hierbas, raíces y cortezas. El historiador de medicina Richard Sugg de la Universidad de Durham en Gran Bretaña, que actualmente está escribiendo un libro sobre el tema, dice que las partes de cadáveres y la sangre eran estándar, disponibles en todas las farmacias. Incluso describe el embotellado de esta alimentación en los días de gloria de "canibalismo medicinal." Sugg está convencido de que el canibalismo no sólo se ha encontrado en el Nuevo Mundo, sino también en Europa.

De hecho, hay un sinnúmero de fuentes que describen las prácticas morbosas de los primeros sanadores europeos. Los romanos bebieron la sangre de los gladiadores como remedio contra la epilepsia. Pero no fue hasta el Renacimiento que el uso de partes de cadáveres en la medicina se convirtió en algo común. En un primer momento, polvos elaborados a partir de las momias egipcias triturados fueron vendidos como un "elixir de la vida", dice Sugg. A principios del siglo XVII, los sanadores dirigieron su atención a los restos mortales de las personas que habían sido ejecutados o incluso los cadáveres de los mendigos y leprosos.

Paracelso, el médico suizo-alemán, fue uno de los defensores más vehementes del cuerpo desmonte, que finalmente ganó popularidad incluso en los niveles más altos de la sociedad. Rey británico Carlos II pagó 6.000 libras por una receta para destilar el cráneo humano. El regente se aplicó el destilado resultante, que entró en la historia de la medicina como "gotas del rey," casi a diario.

Eruditos y nobles, así como la gente común, creián sin duda alguna en los poderes curativos de la muerte. La antropóloga estadounidense Bet Conklin, por ejemplo, citando a una fuente del siglo XIX, escribe que en Dinamarca se reportaron epilépticos que estaban alrededor del cadalso entre las multitud, taza en la mano, listos para beber la sangre a medida que fluye desde el cuerpo todavía tembloroso. También los cráneos se utilizaron como medicina, como fue el musgo que tendía a brotar de ellos. Se creía para detener hemorragias.

La grasa humana se supone para aliviar el reumatismo y la artritis, mientras que una pasta hecha de cadáveres se cree que ayuda contra contusiones. Sugg incluso atribuye un significado religioso a la carne humana. Para algunos protestantes, escribe, que sirve como una especie de sustituto de la Eucaristía, o la degustación del cuerpo de Cristo en la Comunión. Algunos monjes Incluso prepararon "una mermelada de clases" de la sangre de los muertos.

"Se trataba de la vitalidad intrínseca del organismo humano", dice el historiador. La suposición era que todos los organismos tienen una vida útil predeterminada. Si un cuerpo muere de una manera artificial, el resto de la vida de esa persona podría ser cosechado, por así decirlo - de ahí la preferencia por el ejecutado.

La práctica no siempre ha sido un éxito. En 1492, cuando el Papa Inocencio VIII estaba en su lecho de muerte, sus médicos desangraron tres chicos y tenía el Papa beber su sangre. Los niños murieron, y también lo hizo el Papa.

¿Era todo esto canibalismo? Sugg no tiene ninguna duda de que se trataba. Al igual que los caníbales del Nuevo Mundo, los europeos estaban interesados fundamentalmente en el consumo de energía vital. Para el antropólogo Conklin, la forma europea del canibalismo es especialmente notable. Fuera de Europa, señala, la persona que estaba comiendo casi siempre tenía una relación con la persona que fue comida. El canibalismo de Europa, por el contrario, era "claramente antisocial," Conklin escribe, añadiendo que partes del cuerpo humano fueron tratados como mercancía: compraban y vendían para obtener un beneficio.

A finales del siglo XVIII, sin embargo, este recurso había desaparecido. "Con la Ilustración, los médicos trataron de eliminar un pasado supersticioso," dice Sugg. En 1782, por ejemplo, el médico William Black, escribió que él dio la bienvenida a la desaparición de los medicamentos "repugnantes e insignificantes", así como los "cráneos de muertos pulverizados." Estos, y un galimatías de cosas nauseabundas había desaparecido, afortunadamente, de las farmacias, afirmo Black.

Una época había llegado a su fin, y con ella el interés en las recetas como las del británico John Keogh. El predicador, que murió en 1754, recomendó pulverizar corazón humano para "mareos". Keogh incluso proporcionó una dosis e instrucciones de uso: "Una copita en la mañana - con el estómago vacío."

Fuente: Der Spiegel

lunes, 29 de agosto de 2016

Toda la verdad sobre el bigote de las portuguesas

¿De dónde viene el mito del bigote de las portuguesas?
La mención al bigote de las portuguesas pudiera parecer un chiste xenófobo de los españoles hacia nuestros vecinos peninsulares si no fuera por un pequeño detalle: aún es habitual cruzarse en las aldeas de Portugal con mujeres mayores que lucen un hermoso mostacho.

La costumbre de dejarse crecer el bigote y los pelos de las piernas tiene un origen colonial y, ahora sí, racista: los territorios del imperio portugués estaban principalmente en África –Cabo Verde, Mozambique, Guinea Bissau, Zanzíbar y Angola- y en América –Brasil- (amén de múltiples colonias en Asia y Oceanía), de modo que la población sometida era principalmente negra. Como es bien sabido, los negros son barbilampiños: apenas tienen vello corporal, de modo que los portugueses (y las portuguesas) hacían alarde de su origen racial dejándose crecer el pelo de la cara, las piernas y allí donde saliera.

“Esto sucedía ya en el siglo XVI”, me cuenta Catarina, la única portuguesa que ha accedido a romper la ‘omertá’ sobre este peliagudo asunto para este artículo: “Para diferenciarse de los negros, las portuguesas lucían un elegante bigote”, explica. “Lo curioso es que la gente más culta abandonó la costumbre hace un siglo, pero quedó como residuo en las zonas rurales y más atrasadas. Sin ir más lejos, la mujer que cuida la casa de mi familia en el pueblo luce un bigote que ya quisiera para sí Burt Reynolds”.

La colonización trajo a las calles de Lisboa la moda del bigote femenino; la descolonización, cuatro siglos después, extendió la costumbre capilar entre las clases más humildes. En 1975, tras la Revolución de los Claveles, Portugal pierde sus colonias en África -Cabo Verde, Guinea-Bisau, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe y Angola- lo que desencadena el retorno de miles de portugueses a la metrópoli.

Una vez más, las portuguesas quieren demostrar su ‘blancura racial’ ante sus compatriotas, así que desdeñan novedosos inventos de Occidente, como la Epilady y la cera, que ya es de uso común entre el resto de las portuguesas, y se dejan crecer los pelos en el pecho, en la cara y en las piernas.

No todos apoyan esta teoría, claro. Un profesor universitario de historia moderna portuguesa que prefiere mantenerse en el ‘economato’ cree que la hipótesis es “peregrina” y que entronca con “un prejuicio de los españoles respecto a la belleza (escasa) de las portuguesas, un prejuicio que ya alimentó el escritor Juan Valera, que estuvo destinado como diplomático en Lisboa en el siglo XIX”.

Sin embargo, la ilustre catedrática de Filosofía Portuguesa Pilar Vázquez Cuesta refería a sus alumnos -medio en broma, medio en serio- la teoría que explico sobre el origen del bigote de las portuguesas. Ligia Borges, profesora portuguesa afincada en Extremadura, también refiere la historia de los retornados de la Revolución de los Claveles aunque matiza que “se trata de una broma entre portugueses, no una verdad”.

Cabe aclarar que las portuguesas no son per se más hirsutas que las españolas: todos los ibéricos venimos de la misma cepa. La diferencia estriba en que España apenas tuvo colonias en el África negra (tan sólo Guinea Ecuatorial), de modo que no fue necesario para los españoles redundar en su origen caucásico, aunque bien visto, los indios también son barbilampiños…

Y hablando de bigotes… ¿sabías que la palabra ‘bigote’ viene de la expresión alemana ‘bei Gott’ (‘¡Por Dios!’), que utilizaban los soldados alemanes mientras se llevaban el dedo sobre el labio superior?

Fuente: Publico